La rutina combinaba estudio, higiene, juegos y descanso, buscando darles una vida ordenada y plena. Recibían ropa, útiles, atención médica y buena alimentación. En lugar de uniformes, usaban su propia ropa, porque Eva quería que mantuvieran su identidad. En los casos en los que era posible se garantizaba que no se perdía el contacto con la familia.